jueves, 1 de octubre de 2009

Y todo pudo ser una bella verdad


No ir a ningun lado.
Desaparecer para todos
para mí mis dedos.
No ir, quedarse en tierra
oscura y nieve.
Hacer muecas a insectos, reir y hablar sola.
Semanas, meses, vidas que se acumulan, que me arrepienten.
La gente con prisa fúnebre y desaliento.
Las gotas
caen, crean charcos.
El otoño que morirá y yo aquí
sin existencia, yo
deshojándome, deshaciendo las gotas de mi solidez transparente.
Que un sombrero me haga invisible para morir sin pecado,
sin hedor.
Que un paraguas me vuelva violeta para emerger en las nubes densas, aplastantes.
Que mi insignificancia se vuelva esquivez porque no, que no voy,
que me quedo a dormir mis insomnios
con mis manos y ramas desnudas.

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