jueves, 24 de septiembre de 2009

Del otro lado


“Alcanzó a cerrar otra vez los párpados, aunque ahora sabía que no iba a despertarse, que estaba despierto, que el sueño maravilloso había sido el otro, absurdo como todos los sueños”.

Julio Cortázar. La Noche Boca Arriba.


Despierto. Hojas verdes. No, negras. Afuera verdes, adentro negras. No me levanto todavía. Para qué. Qué lindo día, día de sol. Correrán ya algunos niños por el parque. Oficinistas que han de mirar por la ventana. Otros por el parabrisas. Embotellamientos del tráfico. Abril. Llega la primavera. Caminar por las calles. Aire. Pasos. Voces. Motores. Chirridos del tren subterráneo, que frena. Una mañana fresca. Esos reflejos en la ventana, que lo dicen todo. Como cuando era niño, encandilado por las figuras que proyectaba la estufa en el techo. Simétricas. Titilantes. Luz apagada. Ahora sol. Reflejos. Hasta la sombra de los barrotes se proyecta en la pared. Pero en Nueva York todas las ventanas tienen barrotes. Seguridad. Para que no entren. Para que no salgan. Quién se va a escapar?. Escape de qué?. De la vida?. Del destino?. Los otros se levantan. Yo no. Me quedan los reflejos. Con ellos me duermo. Niño de nuevo. Ahora despierto. Para qué?. Floto en mi cama. En sombras. Despertaré mañana y seré casi un anciano. La vida pasa. Se va. Tantos esperan vacaciones. Veranos. Navidad. Un cumpleaños. Citas. Proyectos. Algo para mañana. Una mañana tras otra, pronto no queda sino ayer. Otros sueñan con detener el tiempo. No sirve. No me sirve. Ayeres y mañanas. Adultos que sueñan con volver a ser niños. Niños que sueñan con ser adultos. Ahora. Ya. Etapas. Hoy. Hoy deliciosos, los menos. Pasajeros, los más. Intolerables, algunos. Los míos. Que no se culpe a nadie, algún cuento. Como el cuento del chaleco, cayo en la trampa, solo. Ese sí que tomó aire, sus últimas bocanadas. Y doce pisos. Única manera, tal vez. Caí en la trampa, solo. Reflejos. La mañana boca arriba. Me salí de las calzadas. De las calzadas neoyorquinas. ¿Mi vida? Recordar mi vida. Para qué. Como la de tantos otros. Pero cai en la trampa, por imbécil. No soy el único. No profanarás las iglesias. Brujas quemadas. No robarás los bancos. Equivalentes de hoy. Valiente. Idiota. Me levanto. Alguien toca la flauta. No me levanto. Qué más da. Rampales de ratonera. Pobre hombre. Lindas notas. Afuera el sol. Sale a tomar el sol, idiota. Idiota el sol. Corre por algún parque. Respira. Mira los pájaros. Vuela. Mira mujeres. Sueña. Bah!. Total, cierras los ojos y ya eres anciano. Todo una ilusión. Yo por tonto. Otros por vivos. Por nada. Ilusión igual, para todos. Celda para todos. Paredes interiores. Selva de celdas. Idioteces. Ruidos. Puerta. Viene el policía. Cuidando reclusos. Qué trabajo tan inocuo. ¿Cuánto le pagarán?

"¿Y tú chico, qué haces ahí?" "Levántate, hombre. Arriba, arriba, que empieza otro día".

Otro día. Veinticinco años y un día. Nueve mil ciento veintiséis días. Más. Nueve mil ciento treinta y dos días. Malditos bisiestos. Siempre fui rápido para la multiplicación. Trucos que me enseñó mi abuelita. Para multiplicar por veinticinco sacas la mitad de la mitad y multiplicas por cien. Se olvidó de los bisiestos, abuela. Hambre. Desayuno.

"Ya voy, chico, ya voy".

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