Los compartimentos de tu corazón
dejaron de tener dueño
la noche que, lejos del amor,
pasaron por la puerta de la soledad.
Compraste libertad: libre de ropaje
decidiste partirte en miles de pedazos
—muestras ofrecidas en cada ventana abierta
pedían un trozo de tu esencia,
de tu alegría, de tus lágrimas—.
Recortas tu vida entregando a prisioneros
infelices que no hablan con la ilusión
ni conocen la esperanza;
jirones de amor repartidos has dejado
cuando al final tú decides partir.
lunes, 21 de septiembre de 2009
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