lunes, 21 de septiembre de 2009

Y lo mio aun espera


¿Qué mayor oráculo que un mar inmisericorde?

Aquel modo de pisar el amor
en el punto más bajo de la piedad,
no fue más que el oficio
de infames impacientes.


Aquel aire enrarecido
de los que mienten a mansalva
mientras asfixian la verdad,
no fue menos que agrio deber
de acribillar la vida
por la espalda.


Como ves
toda tristeza es una demolición.


Pueden quebrarnos la sonrisa,
hacernos tambalear el coraje de soñar,
tirarnos arena sobre la mejor ternura.


La paradoja consiste en ser ecuánimes
aún cuando el corazón ande desacompasado
y revuelto en los escombros cuesta abajo.


Hay que arriar toda la piedad
antes de que un simulacro de nostalgia nos traicione.

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